MUSEO DE BELLAS ARTES DE SANTANDER


      Las autoridades municipales de Santander decidieron crear este museo en 1908, ubicándose temporalmente en varias salas del Ayuntamiento los objetos artísticos, históricos, etnográficos y naturales. En 1925, la institución abandonó su sede provisional y se instaló en la planta superior de lo que entonces era la biblioteca municipal con la que compartió espacio hasta los años setenta.

       En 1941 se denominó Museo de Pinturas, aunque fue en 1947 y 1948, bajo la dirección de José Simón Cabarga, cuando se decidió su especialización en bellas artes, conociéndose desde 1958 como «Museo de Bellas Artes». El cambio en los gustos y el aumento de obras, ha obligado a sucesivas redistribuciones de la exposición y a una ampliación del espacio. Las últimas y más importantes reformas vienen de la mano de los últimos directores: Fernando Zamanillo y Salvador Carretero Revés, responsable de la institución desde 1990.

      El pensamiento tradicionalista y conservador de buena parte de nuestros intelectuales de finales del XIX, tuvo su propia expresión constructiva en el muchas veces denostado movimiento de arquitectura regionalista, un fenómeno que se repitió en toda Europa. La mayoría de las ciudades españolas albergaron proyectos levantados conforme a sus premisas.

       Se reivindicó una peculiar y anacrónica recuperación de elementos decorativos y materiales empleados en las construcciones barrocas, mudéjares o platerescas nacionales. El Museo de Bellas Artes es un buen ejemplo de esta corriente y su fachada contiene un resumen de ornamentos decorativos del pasado: bolas, pirámides, frontones, frisos... El edificio fue diseñado por Leonardo Rucabado (1875-1918).

       Un año antes de morir, Rucabado planeó dos bloques contiguos destinados a cobijar el legado de libros que había donado Menéndez Pelayo a la ciudad y los fondos de la biblioteca municipal. En 1923, Alfonso XIII inauguró el conjunto situado en la esquina de las calles Rubio y Gravina. La conversión del edificio, destinado inicialmente a biblioteca municipal, en museo, ha provocado reformas destinadas a adecuar su interior a este fin.

      Prácticamente todas las obras del Museo de Bellas Artes de Santander son de propiedad municipal. Este carácter público de la colección lo tiene desde sus orígenes, cuando el entonces alcalde Luis Martínez Fernández solicitó a los ciudadanos la donación de objetos para formar el nuevo museo. En aquel periodo entraron en la colección buena parte de las obras más antiguas.

       Hoy la muestra está formada por casi 800 pinturas, 300 esculturas así como un conjunto de 200 grabados, dibujos y fotografías. Además, y como recuerdo de sus primeros tiempos de museo «enciclopédico», la institución posee 2.400 medallas, sellos y monedas. Las piezas que pertenecían a las secciones de prehistoria, arqueología e historia natural, fueron depositadas en otras instituciones y museos en los años cuarenta.

       Una exhaustiva catalogación del museo ha sido realizada en estos últimos años. Todos los fondos están inventariados. Pronto se realizará su informatización.

       Pintura antigua. Un pequeño número de pinturas ofrece una visión parcial de lo que fue el arte europeo desde finales de la Edad Media al siglo XIX. Flandes e Italia son las fuentes o el origen de la mayor parte de las obras que la colección dispone de este periodo.

      Una tabla del XV-XVI, «La Virgen con el niño de la cereza», sirve de introducción a la escuela flamenca. La representación italiana mejoró a comienzos los noventa, cuando una restauración reveló una «Adoración de los pastores» del napolitano Luca Giordano (1634-1705) que había permanecido oculta tras una mediocre pintura posterior. También son interesantes algunos anónimos del XVII.

       De la pintura española anterior al siglo XIX son pocas las obras en poder del museo santanderino: destaca un «San Miguel Arcangel» de quien fue maestro y cuñado de Veláquez, Francisco Pacheco (1564-1654).

       Francisco de Goya. El Ayuntamiento de Santander encargó a Goya en 1814 un retrato del rey Fernando VII. Este lienzo presidió durante más de un siglo el salón de plenos del Consistorio. Se trata la obra más emblemática de la colección. La institución cuenta también con grabados de las distintas series que hizo Goya. La serie de los Desastres faltan dos. De los Caprichos tiene 9, y de la serie de la Tauromaquia y de los Proverbios, Disparates o Sueños, sólo posee 3 de cada una. Todos son de tiradas del primer tercio del XX.

       Pintura española del XIX e inicios del XX. Se puede ver una pequeña e interesante muestra con autores como Luis de Brocheton, Eduardo Rosales, Mariano Fortuny, Francisco Pradilla, Ricardo de Madrazo o el santanderino Eliecer de Jaureguizar con un retrato de Alfonso XII.

       A caballo entre el siglo XIX y el XX, el museo cuenta con ejemplos de pintores representativos de diferentes escuelas regionales como Joaquín Sorolla, Nicanor Piñole o el andaluz Julio Romero de Torres. Hay obras, también, de Emilio Sala, de la santanderina Clara Trueba y Cosio, Valentín de Zubiaurre, Leon Criach y Durán, Manuel Benedito...

       Sainz, Egusquiza y Riancho. El museo posee obras de Casimiro Sainz (1853-1898), Rogelio de Egusquiza (1845-1915) y Agustín de Riancho (1841-1929) por las que se pueden seguir sus respectivas trayectorias artísticas. Son, con seguridad, los autores más destacados e interesantes en el tardío inicio que tuvo la pintura en la región.

       De Riancho, se custodian varios óleos de sus inicios en España y un amplio número de bocetos y obras realizadas en su estancia en Bélgica (1861-1883). La detallista, y en cierto modo más contenida etapa posterior a su regreso a España, (1983-1915) está bien representada. A este momento pertenece su mejor trabajo durante estos años «La cagigona». También lo está su última y más audaz evolución (1915-1929) con «La primavera» o «Río en otoño».

       Aunque Casimiro Sáinz y Sáinz no está tan representado se conservan paisajes como «Toledo (el cigarral)», el costumbrista «Lavando en el Manzanares» o el brillante estudio lumínico «Rincón de floresta». Otra de las joyas de la colección es el retrato que dedica al rostro de «Una chula».

       El simbolista «Tristán e Isolda» de Rogelio de Egusquiza, resume el estilo e inquietudes de este autor santanderino, fascinado por los mitos resucitados por Wagner, a quien conocería personalmente durante sus prolongadas estancias en el extranjero. El museo posee una serie de grabados de este pintor con retratos de personajes célebres y temas operísticos.

       Artistas cántabros, frente a la modernidad y las vanguardias históricas. «Andaluzas», «Tablao flamenco», «La perla negra» o «Desnudo» son obras que el santanderino Francisco Iturrino (1864-1924) realizó entre 1909 y 1912. Se trata de trabajos en los que traslada al lienzo su adhesión a los postulados coloristas de Matisse, con quien compartió estudio durante algún tiempo.

       Con seguridad María Blanchard (1881-1932) es una de las artistas más notables de la pintura españolal siglo XX. Junto a una tradicional «Gitana», pintada en su juventud, el museo conserva varias obras de su etapa de madurez, «La comida en familia» o el óleo «Cabeza de niño».

       «Los traperos» es un óleo de José Gutiérrez Solana (1884-1945). La estampa reúne todas las carácteristicas de su pintura pesimista. De él también se poseen 25 grabados.

       Las donaciones de la familia Lastra Santos han facilitado la reunión de algunas de las mejores pinturas surrealistas que Antonio Quirós (1912-1984) realizó en los años treinta.

       «Los piteros» convierten a Ricardo Bernardo (1897-1940) en un correcto seguidor de la tradición costumbrista. Otro autor significativo es Luis Quintanilla Isasi, (1893-1978) de quien se ve su «La casa del poeta» y una buena colección de dibujos y grabados.

       Se pueden ver obras también de Flavio San Román (1889-1951), Manuel Salces (1861-1932), César Jenaro Abín (1982-1974), Gerardo Alvear (1877-1964), Eduardo Pisano (1912-1989) y Francisco Modinos (1906-1971).

       Artistas cántabros 1939-1979. De Manuel Raba (1928-1983), el museo ofrece la oportunidad de conocer de cerca el hacer de este trabajador incansable en varias piezas de madera y poliéster. Varias obras permiten rastrear el trabajo de Enrique Gran (1928-1998). También pueden seguirse los pasos de otros autores como Martín Sáez (1923-1989), Eduardo Sanz (1928), Esteban de la Foz (1928), Agustín de Celis (1932), Gloria Torner (1936) o Angel Medina (1924).

       Arte actual. Además de aquellos autores mencionados que siguen en activo, el museo tampoco olvida a generaciones más jóvenes y cuenta con trabajos de Celestino Cuevas Xesús Vázquez, Juan Uslé, Chema Cobo, Eduardo Grúber, José Gallego, Concha García, Emilia Trueba, Arancha Goyeneche, Sergio Sanz, José Luis Mazarío.

       Escultura. Son pocos los ejemplos que posee la colección de escultura, destacando las piezas del cántabro Daniel Alegre (1887-1949) o el busto de la reina Victoria Eugenia de Conrad Dressler. De Victorio Macho (1887-1966) es el retrato de Bonifacio Barreda.

      Los fondos de escultura moderna se ha enriquecido recientemente gracias a la donación de Pablo Schabelky, formada por tres trabajos de Cristino Mayo, dos de Hugues y once del mejor Oteiza de los treinta y cuarenta.

       Numismática, medallística y sigilografía. Como un recuerdo del primer museo municipal ha permanecido en las colecciones una selección de monedas acuñadas desde el siglo II antes de Cristo a ejemplos actuales, y medallas de la edad moderna y contemporánea. Dos únicos sellos posee el museo, el más importante es un sello matriz del siglo XIV de San Vicente de la Barquera.

      En los últimos diez años se ha afianzado un intenso programa de exposiciones temporales, la mayoría de producción propia. En palabras del director Salvador Carretero, «tienen por fin dinamizar la vida del museo, formar, educar, entretener e investigar».

       Esta función «científica» de la institución se ha traducido en rigurosas retrospectivas que han servido para recuperar a algunos artistas regionales olvidados y despejar incógnitas sobre otros más conocidos.

       El museo colabora con otras instituciones y en estos momentos se están organizando muestras que se dedicarán a Eduardo Uslé y Xesús Vázquez, o la referida a la pintura religiosa en Cantabria en las colecciones privadas en los siglos XVI y XVIII.

      Entre los cambios introducidos en los últimos años, destacan la recuperación del acceso original del museo y la reordenación y reforma de las salas de la exposicón permanente y de las dedicadas a las temporales.

       La dotación de servicios del museo ha aumentado y mejorado con la modernización de los almacenes, la adecuación de un espacio para taller de restauración y conservación y la apertura del archivo y la biblioteca especializada del museo. Ésta estará dotada con 10.000 volúmenes.

       En 1999 se publicó el primer número de «Trasdós», una revista pensada para convertirse en un foro cultural para que toda aportación de interés pueda salir a la luz.

       Durante 1999 fue visitado por 47.000 personas, muchos de ellos escolares.

      Horarios: Del 16-IX al 14/VI: de 10 a 13 h. y de 17 a 20 h. Del 15-VI al 15-IX: de 10,30 a 13 h. y de 17,30 a 20 h. Exposiciones temporales: hasta 21 h.

      Cerrado: sábados tarde, domingos y festivos. Está previsto a medio plazo cerrar los lunes y abrir los sábados por la tarde y las manánas del domingo.

      Precio: Entrada gratuita.

      Dirección: Museo de Bellas Artes

      C./ Rubio, 6. 39001 SANTANDER

      Tfno. 942-203 120 - 942 203 121.

      Fax: 942-203 125

e-mail: museo@ayto-santander.es



Texto:Pablo Cabezón. Fotos: Roberto Ruiz


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