Museo Diocesano Regina Coeli, Santillana del Mar


      1- Historia y fondos del Museo Diocesano Regina Coeli

      El Museo Diocesano de Santander fue inaugurado en 1969 siguiendo una iniciativa del obispo Vicente Puchol, fallecido dos años antes –en la fecha de apertura era cabeza de la diócesis Alonso Vicens Martínez–. El nuevo centro nació con el propósito inicial de preservar numerosas imágenes y objetos que corrían el peligro de malograrse, en muchos casos merced a la pérdida de su función práctica y su consiguiente retirada de los templos en cumplimiento de las directrices emanadas del Concilio Vaticano II. El museo, que reunió piezas cedidas en depósito por las distintas parroquias de la región, se ubicó en el convento Regina Coeli de Santillana del Mar, haciéndose cargo de su montaje y conservación el capellán del mismo Antonio Niceas Martínez. El obispo Juan Antonio del Val Gallo impulsó en 1973 diversas reformas y ampliaciones que permitieron la instalación de una muestra formada por cerca de 800 piezas y, un año después, del Archivo Diocesano de Santander en las mismas dependencias conventuales. Ambas instituciones están dirigidas desde el 2 de febrero de 1980 por Enrique Campuzano.

      Entre 1999 y 2001 el recinto museístico acogió varias exposiciones temporales (“Cántabros. La génesis de un pueblo”, la Iglesia en Cantabria y otra dedicada a la figura del Marqués de Santillana) cuya magnitud obligó a retirar temporalmente las piezas del Diocesano. Durante este periodo, los responsables del museo tuvieron la oportunidad de ensayar un montaje más reducido que ha servido de punto de partida al actual. Éste ha sido la base de una posterior reorganización de los espacios y una redistribución de las piezas (en la actualidad alrededor de 600).

      2- El convento y sus dependencias

      El Museo Diocesano de Santander se ubica en el convento Regina Coeli cuyo origen se remonta a septiembre de 1592. En aquella fecha el arzobispo de Burgos, Cristóbal de la Vela de Acuña, expedió licencia a la orden de Santo Domingo para que fundara en Santillana el que habría de ser convento matriz de los dominicos en la Montaña, atendiendo a una petición formulada por el caballero de la villa Alonso Velarde, señor del Palacio de la Plaza de las Arenas. En 1597, Pedro, hijo de Alonso de Velarde, rompió los compromisos asumidos por su padre y la comunidad –que se había instalado en unas dependencias del palacio de las Arenas bajo la advocación mariana Regina Coeli– se puso bajo el patronazgo de Iñigo de Mendoza, quinto duque del Infantado y sexto marqués de Santillana.

      Hacia 1598, debido a enfrentamientos con el cabildo de la Colegiata de Santa Juliana, la fundación se trasladó a unas casas situadas en el lugar conocido como Campo de Revolgo acometiéndose en 1612 diversas reformas dirigidas a adecuar las construcciones a su nueva función. En 1629 comenzaron las obras de la iglesia del convento sobre unas trazas que Juan Zorlado Ribero vecino de San Pantaleón de Aras había presentado en 1593. Sin embargo, poco después del inicio los responsables de la construcción, Juan y Pedro Morante, vecinos de Villapresente, se vieron obligados a acudir al maestro Pedro del Arroyo, vecino de Hoz, ante la aparición de diversos problemas constructivos que ellos eran incapaces de resolver. La intervención de Arroyo supuso la transformación del proyecto, un templo de tres naves del tipo planta de salón, en uno de una sola nave con capillas de igual altura abiertas entre los contrafuertes y cubiertas por bóvedas de crucería estrellada. Después de numerosas incidencias que provocaron diversos retrasos, en 1656 se cerró la última bóveda de la iglesia, consagrada desde el 2 de febrero de 1648 a Nuestra Señora de Regina Coeli. Posteriormente se construyeron diversas capillas. En el último tercio del XVII se levantaron en el lateral de la epístola la del Santo Nombre de Jesús (posteriormente de San José) y enfrente la de Nuestra Señora del Rosario (desaparecida) y a comienzos del XVIII otra en la epístola dedicada a San Vicente Ferrer y enfrente a Santo Domingo (desaparecidas). En el primer tercio del XVIII se levantó el cuerpo porticado situado al astial de los pies de la iglesia. La invasión francesa, la desamortización y la Guerra Civil hicieron desaparecer las riquezas originales del templo. En la actualidad, el retablo mayor procede de Santo Toribio de Liébana y los colaterales de Las Caldas.

      A comienzos del siglo XVIII se procedió a edificar el convento nuevo en torno a un claustro, anexo al antiguo cuerpo de dependencias conventuales (en la actualidad ocupadas por el museo) que se extendían por el flanco suroccidental de la iglesia y que habían sido objeto de diversas reparaciones a inicios de la centuria. En la década de los veinte se completaron las obras dirigidas por el maestro de cantería Bernardino Fernández de la Llama, vecino de Luey, siendo maestros u oficiales a su servicio Juan Antonio Sánchez de Cos, vecino de Pechón y Pedro Meléndez, vecino de Novales. El claustro de dos pisos con cuatro tramos que presentan soportales de arcos de medio punto sobre pilares cuadrados en el inferior y ventanas rectangulares con antepechos enmarcadas por pilastras rehundidas de orden dórico en el superior.

      El convento de Regina Coeli se vio afectado por la orden aprobada el 25 de julio de 1835 por la cual se suprimían los monasterios y conventos aplicándose sus bienes y rentas a la extinción de la Deuda Pública. Ya en septiembre de aquel mismo año se elaboraba el inventario de bienes del monasterio. En los años siguientes fue refugio de las monjas dominicas venidas de los conventos de Santa Clara y Santa Cruz de Santander para terminar acogiendo a dos comunidades de monjas clarisas. En 1959, fue restaurado y acogió varias exposiciones de arte contemporáneo. En 1969 se inauguró en sus dependencias el Museo Diocesano.

      3- La exposición

      El montaje expositivo incluye 600 piezas originales, así como diversas maquetas acompañadas por paneles explicativos y fotografías. La visita comienza por la galería inferior del CLAUSTRO con un apartado dedicado a los inicios del cristianismo en Cantabria. Ilustran este capítulo una maqueta del yacimiento arqueológico de Camesa-Rebolledo (Valdeolea), que contiene junto a vestigios romanas los de una necrópolis y una ermita altomedievales, y otra de la iglesia mozárabe de Santa María de Lebeña (). Junto a las recreaciones se abre una pequeña estancia en la cual se exhiben fragmentos de construcciones mozárabes y románicas de los siglos VIII al XII como estelas, celosías, modillones y capiteles procedentes de Enterrías, Santa María de Piasca, Lebeña, Cervatos, San Román del Moroso.... Acompañan estas piezas diversas muestras de orfebrería de comienzos del gótico entre ellas las que destacan la llamada cruz de Piasca del siglo XIII y relacionada con los talleres de Limoges, guardada anteriormente en el Museo Diocesano de León, diócesis a la que pertenecía Liébana.

       A continuación se explica el surgimiento de los grandes monasterios, las colegiatas y las ciudades en la Edad Media así como la introducción y el establecimiento en Cantabria de las órdenes monásticas mendicantes que fundaran a comienzos del siglo XIII Francisco de Asís y Domingo de Guzmán acompañadas por imágenes realizadas ya en época barroca de los santos fundadores de ambas congregaciones. En el centro del patio, sobre una alta peana se ha colocado una imagen del Niño Jesús del siglo XVIII procedente del mismo convento de las Clarisas en que se haya el museo.

      En las ESCALERAS que conducen a la primera planta del claustro se ha colocado una inmensa copia de la obra de Zurbarán Santo Tomás de Aquino procedente de la Universidad Pontificia de Comillas y de dos retablos del siglo XVIII.

      La galería de la PLANTA NOBLE en torno al claustro se ha dividido en varios apartados, introducidos por uno titulado ‘El realismo gótico’ se exhiben entre otros diversas tallas de vírgenes de los XIII al XVI, dos notables óleos del siglo XVI, de un San Jorge encontrado detrás de la hornacina central del retablo mayor de la iglesia parroquial de Penagos y un San Miguel procedente de Santa Cruz de Iguña o un retablo compuesto por diez tablas dedicado a San Sebastián del siglo XVI procedente de Ojedo. A continuación se expone un retablo del siglo XVI de esmalte pintado procedente de Vejorís realizado en los talleres franceses de Limoges que precede una sección dedicada a la ‘La imaginería popular’ en la cual se muestran conjuntos de imágenes de madera policromada de San Sebastián, San Roque y San Miguel. A continuación se reserva un rincón a ‘La música’ dónde se muestran un órgano de Laredo del siglo XVIII, un armonio del siglo XX de Pámanes, dos graduales, un atril o matracas. En una pequeña estancia abierta a un extremo de las galerías se han agrupado imágenes y elementos relacionados con ‘La muerte’. Aquí se han ubicado la escultura yacente de madera y pintada de verde procedente de la iglesia de San Juan de Agüero e identificada como Pedro González de Agüero, caballero de Trasmiera y un libro de difuntos y de cofradía de ánimas de los siglos XVII y XVIII de Celada Marlantes.

      Abandonada la galería del claustro, se pasa a una estancia de planta trapezoidal dedicada a recordar a ‘los canteros’, maestros de obra y arquitectos cántabros cuyos nombres se encuentran tras algunas de las mayores empresas constructivas de la Edad Moderna muchos de ellos procedentes de las comarcas costeras y la cuenca del Asón. Una serie de paneles y fotografías introducen en la vida y obras de maestros del tardogótico y el complejo amanecer del renacimiento hispánico como Juan y Rodrigo Gil de Hontañón y Juan y Pedro de Rasines; y del clasicismo hispánico como Juan de Ribero Rada, Juan de Naveda, Juan de Nates o Juan de Herrera, el más brillante arquitecto de su época autor del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

      Las siguientes dos salas reúnen un importante número de trabajos pictóricos y escultóricos del barroco varias de ellas agrupadas bajo los rótulos ‘imágenes devocionales’ e ‘imágenes dogmáticas’, en referencia a la importancia que cobraron las representaciones de la divinidad a raíz de la Contrarreforma. Destacan numerosas piezas de platería hispanoamericana de los siglos XVIII, XVII y XIX repartidas en diversas vitrinas; además de un bodegón del siglo XVII que representa un libro, un pan y una calavera y cuya ejecución se atribuye al taller de Ribera; una copia de época del lienzo Santa Isabel de Hungría de Murillo; y dos figuras de madera policromada procedentes de Castro Urdiales de un San José y un busto de un Ecce Homo, consideradas procedentes de los talleres de dos de los escultores más importantes del siglo XVII Martínez Montañés y Gregorio Fernández respectivamente.

      La visita continúa por la BUHARDILLA, una luminosa estancia ubicada bajo el tejado en la cual se han reunido piezas procedentes de las colonias españolas en América y Asia. En cinco grandes vitrinas se exhiben cinco marfiles hispanofilipinos de bulto redondo talladas en el siglo XVII. Se trata de un arcángel San Miguel y una Inmaculada procedentes de Puente San Miguel, un San Juan Bautista de Villapresente, dos Cristos crucificados de Mijares y Santibáñez de Carriedo. También es de marfil el astil de la sombrilla de seda del siglo XVIII de origen chino que se expone junto a estas piezas, utilizada en procesiones y otros ritos. Acompañan a estas piezas, numerosos objetos realizados en marfil, nácar y porcelana expuestos en una serie de vitrinas situadas en un flanco de la habitación. La excepcional platería barroca hispanoamericana es otro de los temas que se introducen en este apartado del museo con una treintena de piezas (entre ellas una docena de custodias) de los siglos XVII, XVIII y XIX realizadas en plata blanca y dorada adornada en algunos casos con piedras de colores y esmaltes, procedente de talleres México y Perú.

      El recorrido desciende hasta las estancias adyacentes al claustro en la PLANTA BAJA. Aquí se ilustra acerca de la evolución de la imagen de la Virgen entre los siglos XV y XVII y la de Cristo entre los siglos XVII y XVIII, merced al centenar de piezas procedentes de la Colección de crucificados del Padre Cué. Pone fin a la visita una amplia selección de platería que incluye píxides del siglo XV, copones, cruces procesionales del XVI y XVII, cálices del XV al XVII, navetas (con forma de barco y destinadas a guardar el incienso) e incensarios, acetres e hisopos, candelabros, sacras y atriles del XVIII, custodias de los siglos XVII al XX...

      FICHA TÉCNICA

      Dirección

      Museo Diocesano Regina Coeli

      El Cruce s/n

      39330 Santillana del Mar

      Tlf 942 840 317/942 818 004

       Fax 942 840 380

       info@santillanamuseodiocesano.com

      www.santillanamuseodiocesano.com

      Horario

      En verano abre todos los días 10 a 13:30 h. y de 16 a 19:30 h.

      En invierno de martes a domingo de 10 a 13:30 h. y de 16 a 18:30 h.

      Tarifa

      Precio de entrada conjunta al Museo Diocesano ‘Regina Coeli’ y el Claustro de la Colegiata de Santa Juliana: 3 € (descuento a escolares de Cantabria 1,5 €)

      Servicios

      El Museo cuenta con un taller de restauración y realiza una labor de asesoramiento técnico en materia de conservación de patrimonio artístico.

      El Museo Diocesano publica catálogos y guías de monumentos religiosos de la Comunidad Autónoma.

      Autor texto: Pablo Cabezón Gimón


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