El trabajo de una galerista se mueve en terrenos muy diferentes a los del mundo de la empresa convencional. Para empezar, «contratar» a artistas de otra galería es algo impensable: «sería una gran falta de respeto que no se perdonaría».Otra diferencia importante es que «la relación personal con el artista es fundamental. Ha habido artistas cuya obra me ha interesado mucho, pero con los que yo no podría trabajar». Es una cuestión que va más allá del tópico de las excentricidades y el ego de estos profesionales. «La insoportabilidad del artista depende de tu interpretación. A cada persona estamos dispuestos a aguantarle ciertas cosas. Mis artistas, como yo, como todo el mundo, tienen momentos. Como a tus hijos, hay veces que los matarías, pero eso no quita para que en el fondo les des la razón y les entiendas».
De amores y genios
Soledad Lorenzo sabe que trabaja con personas extraordinarias que enriquecen su vida día a día. «Yo siempre digo que elijo a mis artistas como al novio: son flechazos. Te gustan muchos y de repente... ¡Con ése quieres!». ¿Y cómo los encuentra, dónde los busca? «Viendo y viendo. Te enamoras. Por ejemplo, a Pello Irazu le vi en el Círculo de Bellas Artes y vino con Txomin Badiona. Luego se empezó a hablar del Grupo Vasco de Escultura que en los 80 fue muy importante...» ¿Y a Miquel Barceló?, suspiro. «Le conocí en Europalia. Un día que yo quería hacer una exposición de Julian Schnabel, Basquiat y Condo, cuando no se conocían en España, me dijo: Quiero estar en esa exposición. Es que si tú estás, todo el mundo te va a mirar sólo a ti. Tú lo que necesitas es hacer en España una buena exposicióny me dijo: Bueno, pues luego hacemos una así, pero yo quiero estar en ésta
».