Te estoy muy agradecida, supiste enseñarme la búsqueda del sentido de la realidad, me condujiste a prados de tranquila meditación, discutías con gran sosiego y aplomo ante tu audirorio, despertaste en mi la curiosidad y el amor por los autores mas discutidos, te estaré eternamente agradecida, nadie puede decirme cuánta sutileza, cuánta insistencia me transmitiste, tanta lealtad a los viejos principios, tanta altura de miras, tanta prosa y tanta prosapia, tanta esmerada consideración, delicados ideales, ciertos contenidos y actitudes venerandas. Te estaremos eternamente agradecidos, profesor sin nombre, sin consuelo, sin vida ya. Te querremos mas allá del tiempo y las modas pasajeras, has hecho de nosotros un grupo de jóvenes con un objetivo claro, autosuperarnos, autoconocernos, autoescucharnos, nos enseñaste el noble arte del diálogo, de la poesía cotidiana, de la lectura reposada y transmitiste justamente aquello que menos se valora pero que es mas preciado y raro en esta sociedad, la autoestima, gracias, profesor, que la suerte de acompañe dondequiera que estés y que sigas tan vivo como cuando entraste por primera vez en clase y nos presentaste tus respetos, aunque estés muerto o desaparecido para nosotros siempre vivirás eternamente.Firman quince alumnos mas.


