LA PLAZA DE LAS CACHAVAS
El pasado día 27 de agosto leí en el periódico que usted dirige un artículo, firmado por Don José Cubría Mirapeix, titulado Plaza de España.
No tengo el gusto de conocer al señor Cubría, pero leo con mucho interés sus escritos en prensa, aunque no esté de acuerdo con él en algunas cosas, me parecen llenos de profundo conocimiento sobre lo que escribe.
De la Plaza de las cachavas, el señor Cubría dice textualmente: estamos hablando de la tan amplia y céntrica, como innominada y sin anclajes sentimentales, “Plaza de las cachavas”, nombre que no tiene ninguna connotación cultural, tradicional, ni histórica. ¿Sabe usted lector, por qué se llama así? Pregunte y verá que prácticamente nadie lo sabe ni le interesa.
A esta pregunta me apunto y le respondo al señor Cubría.
Desde el año 1954 resido en Santander en el llamado Barrio de Maliaño, hoy engullido por el Barrio Castilla-Hermida y por tanto próximo a las famosas cachavas.
Lo que cuento está documentado en la prensa, pero no puedo precisar fechas, la memoria de esos tiempos está archivada y cerrada con el candado de la edad.
Cuando el solar que limita con la calle Isabel II pasa a manos de un constructor, se iniciaron las obras de un edificio de viviendas. Después de realizar los trabajos de cimentación de la obra, cuando estaba al nivel de calle, alguien la paralizó.
De la placa de hormigón sobresalían las varillas de los pilares para la elevación del edificio. Estas varillas, como de un metro de altura, se remataban en forma de bastón, es decir, en forma de cachava.
En el abandonado solar, sobresalía una muy considerable cantidad de cachavas.
El pueblo llano, para localizar la zona, lo bautizó como “las cachavas”. Más tarde, otros santanderinos más ilustrados, le añadieron lo de “Plaza”, y así permanece hasta nuestros días.


