Fue muy sorprendente para mi ver un rescate en directo, en la Playa de la Concha hacia las tres de la tarde; pero superó con creces mis expectativas al ser un chico de a pie quien salvara a cuatro personas de la forma en que lo hizo.
Yo estaba bañándome tranquilamente cuando vi al chico en cuestión con su novia, que iban de la mano y tranquilamente a bañarse, cuando se percató de que a la derecha de la playa, donde están las rocas había cuatro chicos en peligro, que no sabían salir. Miró hacia la torre de vigilancia, y yo seguí su mirada: el socorrista de la torre estaba mirando hacia el otro lado. Inmediatamente y sin pensárselo dos veces mandó a su novia que corriera a avisar al puesto, mientras él se metía a rescatarlos. La chica, en buena forma, corrió hasta el primer puesto, ubicado en los límites con la Primera Playa, y volvió corriendo hasta el punto donde yo me encontraba. Pude hablar con ella, indignada por la negligencia de los socorristas, pero segura de que su novio no corría peligro, ya que me explico que Luís Álvaro (que así se llama el héroe) era socorrista en Somo desde hacía muchos años, y que estaba en su día libre. Mientras la chica evitaba males mayores sacando a los niños y bañistas que se agolpaban en el agua a ver el rescate (porque ningún socorrista había llegado todavía para hacerlo), el joven héroe de la playa ya había sacado a tres personas hasta la orilla, mientras remolcaba con evidente esfuerzo (pues no tenía aletas ni material de remolque) al cuarto, un chico corpulento y bastante afectado por el distress acuático (es un término que implica el momento del ahogamiento en que la persona no tiene fuerzas para mantener la cabeza fuera del agua y respirar). Cuando ya estaba todo solucionado, el socorrista que debería estar haciendo orilla y ser el responsable del rescate, llegó a la orilla y se metió hasta donde estaba el joven, quien ya había sacado a los bañistas en apuros y se disponía a salir del agua, ayudándose del fuerte oleaje; en ese momento, aparecieron otros dos socorristas de Cruz Roja y una moto de agua.
Lo más emotivo fue la salida de Luís Álvaro, quien entre vítores y aplausos de la gente que había presenciado su hazaña, pidió humildemente que aplaudieran a sus compañeros de profesión, evidentemente bastante más ineptos. Además se acercó a explicar a los bañistas rescatados que esa era una zona de corriente y les enseñó a distinguirlas de las zonas seguras (a ellos y a todos los que aplaudíamos y escuchábamos al joven). Es una pena que los socorristas encargados no se quedaran a escuchar su explicación, ya que les habría hecho mucho bien.


